CONTRIBUCIÓN

Laval y Dardot definen lo común como principio político y, por tal entienden “esa actividad de deliberación con la que los hombres se esfuerzan por determinar juntos lo justo, así como la decisión y la acción que proceden de esa actividad colectiva.” (Laval y Dardot, 2015, 660) Siguiendo los antecedentes latinos del término, definen lo común en términos de un principio político que implica un conjunto de obligaciones y responsabilidades orientados a una acción común. En ese sentido, sostienen que el actuar común involucra necesariamente la capacidad de forjar colectivamente normas jurídicas y morales que regulen la acción de una colectividad. Así, hacen una defensa del autocontrol democrático, esto es, de la capacidad de autogobierno de los sujetos mediante la participación en la esfera pública. Enfatizan una idea de ciudadanía como principio de articulación que afecta a las diferentes posiciones subjetivas del agente social. Para ellos, la construcción de una identidad ciudadana democrático-radical es la construcción de un “nosotros” preciso para actuar en política y transformar la realidad, permitiendo la identificación de quienes combaten las diferentes formas de dominación. Desde este proyecto trabajaremos con la idea de que este “nosotros” es el que se gesta en el constante ejercicio de la capacidad de juicio que presupone, como vimos, la imaginación, el sensus communis y el pensamiento representativo. Es más, si, tal como defienden, lo común “(e)s la actividad de puesta en común lo que hace existir lo común de la comunidad política (…), todo verdadero común político debe su existencia a una actividad sostenida y continua de puesta en común.” (2015, 266); entonces ¿cómo podemos pensar esta actividad de puesta en común si no es a partir del ejercicio de la capacidad de juicio? En efecto, si queremos entender este principio de lo común a cabalidad, debemos integrar a la propuesta de lo común una teoría del juicio como la que pretendemos articular en este proyecto.

Consideramos que una teoría del Juicio que enfatice el papel de la imaginación creadora nos abre a la posibilidad de instituir la comunidad desde la novedad, creando una significación radicalmente original. Crear nuevos significados nos permite abrirnos a nuevos mundos posibles. El papel de la imaginación en este proceso es fundamental. Y este aspecto no ha sido desarrollado ni por Arendt en su relectura de la teoría del juicio, ni por Laval y Dardot en su propuesta de lo común como principio político. Se trata de llevar el papel de la imaginación en el juicio reflexionante político hacia su potencial creativo. De manera que gracias a la imaginación sea posible “hacer surgir como imagen algo que no es y que no ha sido. (Castoriadis, 1998, 191).